No sé qué más hacer en esta vida, solo amar.
Solo crecer, en vez de dejar que el pasado me envuelva
en una ola de tristeza,
prefiero renacer cada día como la tierra
y fluir como el río, tal vez…
Yo prefiero estar unido al océano,
en vez de a almas sin fe.
Prefiero sacudirme la gasolina
en vez de volver a encender.
Al fin vi que la vida no es tan fácil de entender.
Es un gran teatro en el cual Dios puede suceder.
Los dos, la vida y la muerte,
me tocan la pared,
pidiendo entrar,
pero solo la ventana puede responder.
Mi destino, cada día,
no soy yo quien lo decide.
Es Dios quien me admira y dice:
«Eres joven y tienes el poder».
Abre la ventana si quieres,
pero no te contestaré.
Quizás es mejor dejarla cerrada
y abrir la puerta cuando Dios me lo permita.
Me parece bien.